Sentado afuera de mi casa, sentado, despierto en la madrugada
y con otro mundo en mis ojos las veo casi al alcance de mi mano.
Una me sonríe y me recuerda que no es tan difícil flotar en la nada.
Sirenas que me ahogan en el mar de hierro de mis deseos y limitaciones.
Me toman de los talones y jalan y jalan hacia abajo llevandome, ahogándome.
Es fácil soltarse de esas verdades a las nos aferrarnos, y vivir ilusiones.
¿A dónde me llevará esta vida? ¿A dónde la dejare llevarme emocionándome?
Sirenas que cantan desde la lejana tierra a la que vuela mi mente
en esas noches donde entre la almohada y mis pensamientos
no cabe el sueño que cierra mis ojos y me deja soltar momentáneamente.
Sirenas aladas que sin poder respirar bajo el agua
nadan bajo la barca de Caronte, burlando al tiempo y a la muerte.
Arrastrándo consigo esos pensamientos hacia abajo,
sirenas que creé en mi taller, y que deje volar un día.
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